SECCIÓN publica tu relato:
RELATO GANADOR

¿Cómo llegar a más lectores si no pueden leerte? ¿Cómo aprender y crecer como escritor si no expones tus escritos a lectores y mentores? La respuesta es sencilla, no puedes hacerlo, para lograrlo publica tu relato. Por esa razón, decidimos abrir una nueva sección para escritores. En esta sección, publicaremos los relatos de aquellos escritores que presenten una historia con los elementos suficientes para atraparte y mantenerte leyendo hasta el final.

Nuestro propósito es ayudarte a ti escritor a creer en tu potencial, a pulir ese diamante que eres, ayudándote a adquirir los recursos y herramientas que necesitas para escribir tu novela y/o relato. Así que sin más preámbulos te presentamos en la sección «Publica tu relato», el relato ganador del mes de Octubre.

URIEL (El mensajero)

La llovizna caía lentamente sobre el Cementerio San Gerónimo y, en casi toda la ciudad de Córdoba.


La mayoría de los pájaros buscaban refugio en los árboles y sobre las paredes fantasmales del camposanto; mientras un cortejo fúnebre se alejaba dejando a un ser querido sobre una tumba empotrada en uno de sus muros que, en un punto de fuga parecían desfilar como soldados llevando su carga mortal. Entonces un viejo albañil comenzaba a cerrar la fosa con una lápida improvisada hasta que llegase la definitiva, al momento Aníbal el sereno comenzaba su recorrido habitual.


Eran casi las siete de la tarde de un sábado gris de otoño, de pronto su paso cansino fue detenido por dos hombres que surgieron detrás de un panteón de barroca arquitectura:


-¡Ustedes!


-Así es Aníbal, ¿acaso esperabas otras personas?


-No para nada.


-¿Entonces?- fue la pregunta de uno de ellos mirándolo con sus malévolos y penetrante ojos.


-Calle G tercera fila, es el número 93 y aún no tiene la tapa definitiva.


Aníbal extendió su temblorosa mano por lo que estaba haciendo y antes de tomar el sobre uno de ellos llamado Ricardo frenó la entrega y asintió mirándolo fijamente:
-Recordá que tu silencio cubre tu vida porque este dinero puede acompañarte en tu funeral.


-Sí , sí ya sé siempre me decís lo mismo acaso, ¿les fallé alguna vez?


-No y, esperemos que todo siga igual de bien. -fue la advertencia de Horacio, el otro sujeto de aspecto intimidante.


Aníbal no contestó, solo se limitó a mirar el suelo frío y mojado.


-Perfecto, vamos Ricardo
Ambos eran expertos en ese impío trabajo y al cabo de unos minutos retiraron la tapa del ataúd sacando el cuerpo cuyo rostro estaba cubierto con un velo negro que ocultaba sus facciones, ambos se miraron con desconcierto.


-Será parte de…¿algún ritual?-preguntó Ricardo y, luego de reemplazar el cadáver por unas bolsas de tierra lo llevaron hacia una camioneta que estaba estacionada sobre una entrada posterior a la necrópolis.


Luego de que ambos terminasen su macabra tarea, Aníbal se encargaba de colocar la improvisada tapa como si nada hubiese pasado. Lentamente el silencio y la oscuridad se apoderaban de todo el predio mientras que la llovizna era llevada al compás del viento que gemía junto a los metálicos aullidos de algunos perros callejeros; Aníbal se acomodó su vieja campera y encendió un cigarrillo, tarea que no le resultó fácil por la oscuridad de agua y viento que todo lo rodeaba, entonces se dirigió a paso lento hacia su puesto de sereno una noche más.-
De pronto, el chirrido de bisagras de un viejo portón sonaron como las uñas de las manos cuando arañan el piso y al abrirse del todo, emergió una espectral figura de un caballo montado por un jinete de aspecto fantasmal, la lluvia no podía penetrar su negra armadura y menos aún apagar el brillo azulino de sus ojos; este jinete como el del apocalipsis solo se presentaba cuando hechos sangrientos y despiadados ocurrían en su entorno, el caballo lanzó un relincho para conjurar la muerte que estremeció todo el predio de la necrópolis, y bruscamente Aníbal se arrodilló con un rosario en sus manos murmurando sollozos discontinuos.


-¡Cristo está acá!…ha llegado¡ Ayúdanos!
Después de girar por la calle Chubut, Ricardo se dirigió hacia una entrada posterior del viejo Hospital de Clínicas, al bajar de su camioneta y sin dejar de mirar a su amigo tocó el timbre tres veces seguidas a manera de clave.


Horacio lo miraba desde el interior del vehículo a través del vaivén del limpiaparabrisas que seguía funcionando bajo una persistente llovizna, luego de abrirse el portón ingresaron lentamente hasta la mitad del salón y al detenerse, una figura alta ataviada con una capa para lluvia, los recibía, su rostro estaba húmedo, pálido y sus ojos profundos y azules daban la sensación que nunca parpadeaban, al cerrar la puerta de su camioneta, Horacio adelantó su presentación:


-Buenas noches y, ¿el doctor Klemens?
-Está algo delicado de salud, ¿algo más?- se limitó a preguntar en un timbre de voz casi metálico.


-Si ¿quién es usted?-inquirió Ricardo introduciendo su mano derecha en su campera donde tenía una pistola de nueve milímetros, semiautomática.


-Me llamo Uriel y el doctor me encargó entregarles esto a cambio de su mercancía.
Rápidamente Horacio tomó el sobre y extrajo el contenido que, para ambos era más de lo esperado.


-¿Todo está en orden?-quiso saber Uriel mientras sus ojos penetrantes y entreabiertos no dejaban de mirar a ambos, luego repuso:
-Necesito ver la mercadería, no quiero correr riesgos y ustedes tampoco, ¿me explico?


-Como quiera- se limitó a decir Ricardo.


-Ábralo por favor- ordenó Uriel con un ademán de su cabeza.


Al correr el cierre de la negra envoltura, la luz dejó ver las facciones de un rostro familiar, entonces, los gritos de ambos quebraron el silencio reinante.


-¡Cristo santo!, es el doctor Klemens!- rápidamente Ricardo giró su mirada hacia Uriel pero este ya no estaba, aterrados por la situación comenzaron a correr hacia la camioneta que aún estaba en marcha y, cuando ambos la abordaron el motor se detuvo y los seguros de las puertas se trabaron de manera imprevista.


-¡Horacio que carajo está pasando?,¡no puedo abrir las puertas!


-¡La pistola, tírale a los vidrios, dale!- fue la orden desesperada de su amigo.
Entonces e inexplicablemente, los disparos se cruzaron al rebotar contra los vidrios impactando el primero en la frente de Ricardo y el segundo en el corazón de Horacio.
A cierta distancia, Uriel contemplaba la escena y cuando todo hubo terminado, giró las riendas de su caballo en dirección al cementerio; cuando su figura se desvaneció en la oscuridad, los seguros de la camioneta se abrieron y los vidrios de las puertas cayeron sobre un suelo mojado de huellas desesperadas.

 


Fin.

 

Sobre el autor:

Daniel Molina Ruffini.

Estudió en la Escuela de Arte. Colaboró con la S.A.D.E (soc.arg. de escritores) con relatos cortos ilustrados por él, así como también ilustrando poemas y cuentos para otros autores. En el área de la ilustración, fue el encargado de ilustrar dos libros, uno de ellos para un autor de México. Además tuvo el honor de recibir 2 premios como ilustrador ( uno de ellos desde Madrid).

¿Qué debes hacer si quieres participar en publica tu relato?

Los relatos son seleccionados de aquellos que participen en los retos literarios en nuestro grupo de escritores de facebook o en instagram. Así que si quieres participar en los retos literarios y que tu relato aparezca en nuestra sección «Publica tu relato», síguenos en instagram y únete a nuestro grupo de escritores en facebook.

¿Qué te pareció el relato?
Cuéntanos en los comentarios

Deja una respuesta